Teodoro Mazzarri: una vida por el arte

Entrevistar a alguien cercano suele ser un reto y esta no fue la excepción. Teodoro llegó al sitio de reunión con un ligero retraso. Se excusó afirmando que este se debía a un requerimiento de último momento en su trabajo. Tenía sentido: estábamos en horario laboral y él se había “escapado” para contar su historia.

Teodoro Mazzarri nació en El Tigre, estado Anzoátegui hace ya 58 años. Sin embargo, no los aparenta: Hace gala de una agilidad mental envidiable y dispara una explosiva mezcla de expresiones, gestos y palabras cada vez que responde una pregunta.

Teo, como también se le llama, es mi padrino. Para quien lo conoce desde hace un tiempo, las manías, muecas y comentarios que suele hacer ya son parte de su esencia. Su introvertida personalidad y poco gusto por aparecer en fotografías se hicieron a un lado cuando le pedí entrevistarlo. Aceptó de inmediato.

Pasión inesperada

Teodoro es el tercer hijo del matrimonio entre Atilio y Josefina. Refiere a una infancia feliz en la que no faltaron juegos al aire libre, paseos y viajes por todo el país con sus cuatro hermanos.

Los estudios siempre han sido parte importante de su vida. Cuenta que su madre fue muy estricta con ese tema con el objetivo de que su familia siguiera adelante. Lo logró: Teo y sus hermanos son exitosos profesionales, cada uno en su área.

Señala que luego de culminar su bachillerato no sabía cuál carrera estudiar, lo que causó cierta molestia en sus padres al estar tan cerca la fecha límite para escoger una universidad. Mazzarri admite, entre risas, que aunque hoy le parezca gracioso, en ese entonces estaba horrorizado con la reacción de sus progenitores

Por iniciativa de sus padres, quienes estaban decididos a inscribir a su hijo en alguna carrera, Teodoro terminó estudiando Arquitectura en la Universidad de Los Andes (ULA), donde conoció a la que hoy es su ex esposa, Mary Eugenia. Señala su etapa universitaria como una experiencia única al tener un grado de libertad que no había disfrutado hasta ese momento.

La arquitectura fue una pasión oculta hasta ese momento. Se declara amante de su carrera pues le permite tener una perspectiva distinta de todo. “Disfruto más cuando viajo porque tengo una idea distinta de cómo se construyeron las grandes civilizaciones”, señala el tigrense.

Arte por arte

La relación de Teodoro Mazzarri con el arte es algo de toda la vida. Inició sus estudios de piano cuando apenas contaba con cinco años de edad. “A nosotros (nuestros padres) nos ponían a estudiar música desde muy pequeños” afirmó Teodoro, quien mientras estudiaba en la universidad formó parte de la Cantoría de Mérida, una reconocida agrupación coral con más de 40 años de trayectoria.

La sensibilidad artística no es algo exclusivo de él: toda su familia por su parte paterna son músicos. Entre ellos, se destaca la figura de su tío abuelo Vicente Martucci, quien fundó, junto a Vicente Emilio Sojo, la Orquesta Sinfónica de Venezuela. Relacionado con Martucci se desprende otro gran exponente de la música: Angel Mottola Martucci, quien fue director de la Banda del estado Anzoátegui por 33 años.

Creció en medio de un ambiente fundamentalmente musical: Su padre, Atilio, tocaba el cuatro y cantaba y su abuela, mandolina. Sus hermanos también son músicos: Uno de ellos es violinista, otro practicante de acordeón y otra cantante de música barroca en Madrid (España). “Todos tenemos que ver con la música” aseveró.

En el año 1999, Consuelo Barritó, amiga de Mazarri quien se desempeñó como directora del Coro de Pdvsa San Tomé, lo visitó para ofrecerle la oportunidad de que este se convirtiera en el director de la Coral de Pdvsa. En ese entonces estaba algo alejado de la música y aunque al principio estuvo reacio a la idea, aceptó. Su primer concierto como líder de la agrupación fue en 2001 en la celebración de los 50 años de la refinería. “Una experiencia única” destacó.

Ejerció como director de la coral hasta el año 2012. Afirma que esta fue una etapa bastante productiva por la cantidad de presentaciones que realizó con diversas agrupaciones musicales, entre ellas, la Orquesta Sinfónica de Venezuela. Considera que una de las experiencias más interesantes que tuvo mientras formó parte de la organización fue un encuentro de coros en homenaje al cantor Alí Primera que se llevó a cabo en Punto Fijo, estado Falcón. Otra fueron las misas de aguinaldo y las parrandas navideñas en los edificios administrativos de la empresa en el año 2001, las que recuerda con especial cariño.

En su trayectoria está haber dirigido las corales del diario El Tiempo, la Universidad Santiago Mariño, el Politécnico Sucre y Meditotal. Actualmente se encuentra retirado de toda actividad relacionada. “Ahora solo como espectador o escuchando música en mi casa” indicó.

Al preguntárle cuál había sido su peor experiencia en todos los años como cabeza de la coral, narra que, tras haber ensayado mucho para un concierto en el que estaban participando junto a otras agrupaciones, el conjunto inexplicablemente sonó terrible. “Nosotros cerramos la presentación y apenas terminamos, yo pegué la carrera”, cuenta entre risas.

De perfil

Teodoro Mazzarri destaca a tres venezolanos: Teresa Carreño, Rómulo Gallegos y Aldemaro Romero.

Sobre Carreño (n. 22 de diciembre de 1853. Caracas Venezuela) siente gran admiración. Admite que desde muy pequeño siente admiración por la considerada una de las artistas más prolíficas de la historia latinoamericana y la refiere como el recuerdo más remoto que tiene de la música. Pudo  ver el piano de la compositora venezolana cuando fue traído desde Europa al Museo del Teclado, en el año 1976. “Yo estuve en todo lo que tuvo que ver con Teresa Carreño” afirma.

Destaca a Gallegos (n. 2 de agosto de 1884. Caracas, Venezuela) como un caballero y un muy importante nombre para la literatura latinoamericana. Igualmente al laureado compositor Aldemaro Romero (n. 12 de marzo de 1928 en Valencia, Venezuela), por el que siente un particular respeto. Revela que le habría gustado vivir en Viena (Austria) durante los grandes valses compuestos por los hermanos Strauss.

Teodoro no se queda enfocado en la música. Tiene un gusto particular por las películas relacionadas a la 2da guerra mundial y cuando se le pregunta por sus favoritas responde, sin pensarlo mucho, Casablanca (película del año 1942 dirigida por  Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman), Cinema Paradiso (1988, dirigida por Giuseppe Tornattore) y La novicia Rebelde. En el cine nacional menciona a Papita, maní y tostón (2013. Dirigida por Luis Carlos Hueck) como un film bastante divertido.

Refiere que en su juventud fue fiel lector del escritor alemán Hermann Esse y señala a “El espejo roto” del mexicano Carlos Fuentes como uno de sus preferidos.

Otra de sus pasiones es viajar. Ha conocido Roma, París, Buenos Aires, Madrid y Macchu Picchu pero destaca su llegada a Cuzco (Perú) como el que más le ha gustado. Indica que mientras estuvo ahí, entre las ruinas de lo que alguna vez fue la civilización inca, pensó en toda la masacre de la que el lugar fue testigo. “Cuando toqué la piedra sagrada de Cuzco me impactó muchísimo porque sentí una conexión con el pasado”, destacó.

Published by alvarezgcarlos

Entusiasta del arte, fanático del cine y escritor de a ratos.

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